LA VIDA EN UNA EXPEDICIÓN MARCIANA
Cuando los primeros exploradores lleguen al planeta Marte, la nave que los lleve allá será también su hogar durante largo tiempo. Esa es la idea detrás de las Estaciones de Investigación Análoga a Marte de la organización Mars Society. Estas estructuras son, como su denominación lo indica, “habitats” que ofrecen condiciones básicas de vida durante largo tiempo con recursos limitados.
Para llevar a cabo nuestras respectivas actividades y optimizar el funcionamiento general de la misión, a partir de hoy hemos definido una distribución estricta de tareas: quién lava los platos, quién ayuda en la preparación de la comida y quién tomará un baño cada día, por ejemplo. Artemis, la Directora Ejecutiva, se ha encargado desde el principio de las labores “domésticas”; ella es quien cocina y se preocupa de que todos estemos hidratados, algo sumamente importante en el desierto a pesar del frío (afuera puede estar bajo cero durante la madrugada). También ha trabajado, con la ayuda de William, en la organización y limpieza de toda la Estación, que no se encontraba en la mejor de las condiciones. Artemis es, pues, la “mamá” en este grupo. William está encargado de Salud y Seguridad (Health and Safety Officer), y está atento a cualquier malestar o rasguño que se presente. Por su parte, Gregorio es el ingeniero que todo lo repara y todo lo resuelve cuando surge algún problema técnico. Natalia, la geóloga, con su hablar dulce en un titubeante inglés, le da el punto de delicadeza a la tripulación.
Como debe ser en toda misión espacial, las jerarquías están bien definidas. La distribución real de poder es así: Paul, el Comandante, decide qué se va a hacer, cuándo y cómo, aunque pide opiniones. Teóricamente, la segunda a bordo es Artemis; sin embargo, en la práctica Gregorio tiene tanto o más poder que ella, debido a la confianza que Paul y los demás tenemos en él; yo soy oficialmente su asistente (además de periodista de la Tripulación), así que debo seguir sus instrucciones.
EN “SIM”
El domingo por la mañana, tras despedir a la Tripulación 32, Paul nos reunió en la “cámara de descompresión” (donde se colocan y quitan los “trajes espaciales”), y nos pidió decir unas pocas palabras sobre lo que sentíamos en ese momento. Tras ello, declaró formalmente iniciada la simulación (“sim”); esto significa, básicamente, que nadie puede salir de la Estación sin usar los “trajes espaciales” y sin autorización expresa del Comandante. Esta es la primera vez que una tripulación de MDRS inicia sim el primer día de su rotación. Luego, durante un largo desayuno-conversación, cada uno se hizo cargo de sus responsabilidades; decidimos auto-denominarnos “Mighty C33” (“La Poderosa Tripulación 33”).
El día en MDRS comienza muy temprano, hacia las 6:30 de la mañana, cuando aún no ha empezado a amanecer (estamos en pleno invierno). Desayunamos juntos en torno a la mesa en el nivel superior, y se decide el itinerario del día; por ejemplo, qué “actividades extra-vehiculares” (EVAs) se realizarán, quién participará, quién quedará encargado de HabCom (responsable de las comunicaciones por radio con quienes estén fuera de la Estación), etc. Las EVA deben finalizar a más tardar a las cinco de la tarde, cuando comienza a anochecer. Todos iniciamos entonces la redacción de nuestros informes oficiales (que aparecen publicados al día siguiente en www.marssociety.org/mdrs/fs04, clic en “Crew 33”).
Hacia las 7:00 nos reunimos para la cena, con una agradable sobremesa en la que se discuten los logros y problemas del día; para cerrar William, quien está trabajando en una tesis de doctorado sobre los riesgos ocupacionales de participar en una simulación de expedición a Marte, pide a cada uno que describa los momentos buenos y malos que vivió durante el día; esta es una buena terapia colectiva, que permite aclarar situaciones e interrelacionarnos mejor, algo especialmente importante en una tripulación internacional y tan variada como esta. Por cierto que esto me recuerda las reuniones semanales que realizamos en Hebraica, donde trabajo como Gerente de Comunicaciones. Después, cada quien sigue trabajando en sus informes y en enviarlos por email (nuestra única comunicación con el exterior es el correo electrónico, a través de una antena de satélite). Esto puede llevarnos varias horas más.
Los “camarotes” son bastante pequeños; constan de una especie de litera para colocar la bolsa de dormir, la que para ahorrar espacio se encuentra por encima o por debajo de la litera del camarote de al lado, sobresaliendo de la pared. Debajo hay espacio para el equipaje (todas las pertenencias personales deben estar en el camarote), y una pequeña superficie para colocar otras cosas. Se cuenta con privacidad, pues la norma es que quien cierre su puerta no será molestado.
La Estación produce ruidos constantemente, por la gran cantidad de equipos que funcionan al mismo tiempo: bombas, sistema de calefacción, computadoras y otros equipos electrónicos, además de los crujidos producidos por los cambios de temperatura a que está sometida la cobertura externa. De hecho, a veces la bóveda superior se cubre de escarcha durante la noche, la que se derrite lentamente durante el día. Estos sonidos le dan más realismo a la vida en MDRS, ya que recuerda a la vieja estación soviética Mir y a la actual Estación Espacial Internacional.
LAS PRIMERAS “EVA”
Las “actividades extra-vehiculares” (EVA) son realmente emocionantes. El hecho de ponerse los trajes ya es toda una experiencia. En realidad, los trajes no se ponen; se trata de máquinas que se ensamblan en torno a uno, y para ello se requiere de la ayuda de otra persona. El “backpack” (mochila de la espalda) contiene sistema de ventilación, radio receptor-trasmisor, y un receptáculo de agua para beber a través de un pequeño tubo que llega hasta la boca; su peso total supera los 15 kilos, y no es nada fácil caminar con él, sobre todo porque cambia el centro de masa del cuerpo. Para salir al exterior, y al regresar, se cumple un lapso de espera en la “cámara de descompresión”, que antes era de 20 minutos pero que ha sido reducido a cinco, debido a que hoy en dia se considera que los trajes espaciales de nueva tecnologia no requerirán tanto tiempo de descompresión.
En la primera EVA participó la Tripulación completa, algo inusual. Aprendimos a movernos con los pesados backpacks encima, y a utilizar los vehículos todoterreno (ATVs), lo que Gregorio llama “rustiquear con las moticos”. Los ATVs son básicamente inestables y potencialmente peligrosos, y de hecho William sufrió una aparatosa caída, afortunadamente sin consecuencias, durante las pruebas que hicimos subiendo y bajando un montículo. “Rustiquear con las moticos” en un lugar tan espectacular y silencioso como este desierto es en verdad toda una experiencia; pero el uso de los ATV está limitado a algunas áreas y debemos tratar de no hacer marcas nuevas en este delicado entorno, que además es un Parque Estatal.
Ya se han realizado varias EVAs: Natalia lleva dos expediciones geológicas, una junto a Artemis y luego con William. Gregorio y yo realizamos una EVA de Ingeniería al comenzar la excavación de la zanja para el sistema de puesta a tierra de la Estación, nuestro principal objetivo en esta Tripulación. El Comandante decidió que la excavación no sería totalmente manual, como se había previsto originalmente, ya que cuando se desarrolle este tipo de trabajo en Marte no se hará a “pico y pala” sino con el equipo adecuado e incluso con asistentes robóticos, así que no perdemos fidelidad en la simulación. Así que se contrató una máquina excavadora y se realizó la zanja principal en un para-sim (“para-simulación”) en el que Gregorio, Paul y yo supervisamos las labores en EVA, es decir, empleando los trajes espaciales. Otra ventaja de la excavación mecánica es que las contingencias surgidas en la Estación han requerido que se les dedique mucho tiempo, y el cambio de planes aceleró el proceso de instalación del sistema de puesta a tierra (ver explicación abajo). El miércoles 26, Gregorio y yo salimos dos veces en EVA para realizar algunas excavaciones manualmente; pero esto se narrará en un futuro mensaje.
A pesar de las limitaciones, en MDRS nos damos lujos como comer pan recién hecho con queso holandés, cortesía de Artemis... En efecto, MDRS cuenta con una máquina para hornear pan, pues en un viaje espacial sería más práctico llevar los ingredientes para preparar este producto que trasportar una gran cantidad del mismo; además, el pan fresco tiene un efecto sicológico muy positivo.
Más importante aún, en esta “base marciana” hemos desarrollado una relación cálida. Disfrutamos de las reuniones, bromeamos mucho, resolvemos nuestros desacuerdos, y sacamos buen partido de nuestras diferencias culturales.
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La “puesta a tierra” es una instalación que permite que las corrientes de falla, acumulaciones de estática o las descargas atmosféricas (rayos) pasen directamente al suelo, evitando que pongan en riesgo la seguridad del personal o la integridad de los equipos. También permite establecer una referencia de potencial estable, necesaria para los sistemas de control y telecomunicaciones.
La actual misión de dos venezolanos en MDRS constituye la primera vez en que este trabajo, que podría ser realizado por las expediciones reales a Marte poco después de su arribo al planeta rojo (debido a que con frecuencia se producen allí tormentas de arena y tornados), se efectúa en condiciones de simulacro.
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La participación de Gregorio Drayer y Sami Rozenbaum en MDRS es posible gracias al apoyo de las empresas venezolanas de ingeniería y telecomunicaciones ERICO/CONEXWELD, FABRIMEX, VEPICA y CANTV. Para más información, comuníquese con Gregorio Drayer y Sami Rozenbaum a través de venezuelaenmarte@yahoo.com. Trataremos de leer todos los mensajes, aunque probablemente no podremos responder.
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